Europa continúa consolidando su apuesta por la movilidad eléctrica y las energías renovables. El almacenamiento de energía con baterías cerró 2025 con cifras históricas, reforzando el papel clave de esta tecnología en la transición hacia un modelo energético más limpio y eficiente.
Según el informe EU Battery Storage Market Review 2025 de SolarPower Europe, durante 2025 se instalaron en Europa 27,1 GWh de nueva capacidad de almacenamiento de energía con baterías, lo que supone un crecimiento del 45 % respecto al año anterior. Se trata del duodécimo año consecutivo de crecimiento en este mercado, una tendencia que se ha intensificado desde 2021, cuando la capacidad instalada apenas alcanzaba los 7,8 GWh.
A cierre de 2025, la capacidad total acumulada en la Unión Europea rondaba ya los 77,3 GWh, un avance que impulsa tanto la integración de energías renovables como la movilidad eléctrica con vehículos como el SERES 3 y el SERES 5, que aprovechan esta infraestructura de almacenamiento de energía con baterías para maximizar su eficiencia y autonomía.
Europa y su liderazgo en almacenamiento de energía con baterías
Uno de los cambios más relevantes del mercado es el protagonismo creciente de las instalaciones de almacenamiento a gran escala. En 2025, este tipo de proyectos representaron el 55 % de la nueva capacidad integrada, convirtiéndose en el principal motor del crecimiento.
Este avance marca un punto de inflexión: los sistemas de baterías conectados directamente a la red eléctrica están superando en volumen a las soluciones de menor tamaño, como las instalaciones domésticas. Un paso clave para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico y facilitar una mayor integración de energías renovables.
Cómo las grandes instalaciones impulsan el crecimiento de las baterías
Pese a los buenos datos, el sector energético europeo advierte de que el ritmo actual todavía no es suficiente para cumplir los objetivos climáticos y de flexibilidad energética fijados para 2030.
De acuerdo con el informe, Europa necesitaría multiplicar por diez la capacidad actual de almacenamiento y alcanzar aproximadamente 750 GWh acumulados antes de que finalice la década. Un desafío ambicioso, especialmente teniendo en cuenta que el crecimiento deberá ser exponencial y que el margen temporal es cada vez más reducido.
Durante los últimos cinco años, el almacenamiento pasó de cifras testimoniales a cerca de 80 GWh. Sin embargo, lograr los objetivos de 2030 exigirá un mayor despliegue de proyectos, junto con marcos regulatorios más sólidos y un respaldo institucional claro.

Retos del almacenamiento de energía con baterías de cara a 2030
Otro de los aspectos destacados es la evolución del almacenamiento doméstico. En contraste con la fortaleza general del mercado, las baterías residenciales —las instaladas en viviendas junto a paneles solares— registraron una caída del 6 % en 2025, situándose en torno a los 9,8 GWh.
Este descenso se explica principalmente por la bajada de los precios de la electricidad y la reducción de los incentivos públicos que impulsaron este tipo de soluciones en años anteriores.
Almacenamiento doméstico: descenso y oportunidades
El análisis también pone el foco en la industria europea de fabricación de baterías. En 2025, la capacidad nominal de producción de celdas en la UE alcanzó los 252 GWh, reflejando un notable desarrollo industrial.
No obstante, el informe señala varios retos clave. Por un lado, los retrasos y cancelaciones de proyectos amenazan el ritmo de expansión. Por otro, más del 90 % de la capacidad productiva está orientada al vehículo eléctrico, dejando en segundo plano el almacenamiento estacionario, esencial para redes eléctricas y plantas renovables.
A ello se suma la existencia de brechas en la cadena de suministro, especialmente en materiales críticos como cátodos y ánodos, lo que limita la competitividad de la industria europea frente a otras regiones.
Producción europea de baterías y su papel en la transición energética
El informe concluye que Europa avanza en la dirección correcta, pero subraya la necesidad de políticas más ambiciosas y un entorno regulatorio favorable para acelerar el despliegue de baterías. Solo así será posible alcanzar los objetivos de descarbonización, seguridad energética y movilidad eléctrica marcados para 2030.
Un contexto en el que tecnologías como el coche eléctrico y el almacenamiento energético se consolidan como pilares clave del modelo energético del futuro.